Los abuelos son esos seres maravillosos que son capaces de crear recuerdos únicos en los nietos. Sólo una abuela, por su experiencia de vida, es capaz de transmitir conocimientos y vivencias a sus nietos de una forma muy especial y única, las abuelas tienen en sus memorias, una ingente cantidad de recuerdos que constituyen un verdadero tesoro.

En Great Moments te animamos a mantener vivo ese tesoro que son tus recuerdos y puedes hacerlo a través de tus nietos, tan sólo tienes que contarles todo lo que su generación ya no conserva: tú música, tus canciones favoritas, los bailes de tu época, los juegos cuando eras pequeña, las formas de vestir y de arreglarse, las películas que te hicieron soñar…

Yo, tengo muchísimos recuerdos que transmitirles a mis nietos; aún recuerdo cómo si fuera ayer, cuando en el colegio me obligaban a aprender de memoria los versos de Manuel Machado aunque yo los que quería aprender eran los de Pablo de Neruda, cuando teníamos que declinar en francés los verbos o aprender de memoria a cantar la lista de los reyes visigodos.

Todas recordareis cómo yo, cuando vimos por primera vez la película del Mago de Oz, todas soñábamos con tener en nuestros armarios los maravillosos zapatitos rojos de Judy Garland. Las sesiones de cine de 4 horas, ver dos películas seguidas, el NO-DO en el intermedio. La mayoría crecimos con las grandiosas producciones de películas de Hollywood, los musicales en los que Fred Astaire y Ginger Rogers o una fantástica Bette Davis cantaban, actuaban y bailaban. También alguna seguro que habéis tenido algún que otro hermano obsesionado con el Western y con John Wayne.

Aún conservo en la memoria todos los viajes y visitas, cómo si de una aventura se tratasen; el viaje en tren desde Madrid hasta Irún que hice con mi tía Mapi y durante el que devoré el “Asesinato en el Orient Express” de Agatha Christie, ¡todos los pasajeros me parecían sospechosos!.

Recuerdo ir a tomar chocolate con churros cada dos por tres y a merendar al Pardo o al tren de la fresa de Aranjuez. Recuerdo perfectamente las planchas y tenacillas de planchar la ropa que mi hermana mayor también utilizaba para alisarse y moldearse el pelo. El teléfono del pasillo con el listín de direcciones y la voz de la amable operadora mientras nos conectaba con unos y otros. El armario de espejo y con llavecita que tenía mi abuela en su casa y que gracias al manitas de mi primo logramos abrir una vez para ponernos hasta las botas y algo achispados de sus bombones rellenos de licor.

Aún recuerdo el respeto hacia los mayores y cuando los niños eran niños y sólo eso, porque cuando estábamos en medio siempre molestábamos a los mayores, ¡cuánto han cambiado las cosas! ahora parece ser al revés.

En Great Moments sabemos que a vuestros nietos les encantará saber más de vosotras y de vuestros recuerdos, por eso, os recomendamos que se los transmitáis en vuestros encuentros para que nunca se pierda este maravilloso tesoro.



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