Mis hijos crecieron viendo la serie de “La Súperabuela”, y aunque su abuela, es decir, mi madre tenía cierto parecido físico con el de la protagonista, no tenía nada más en común con la superabuela; mi madre no montaba en bici, de hecho nunca montó, ni de niña, ni de joven, ni de mayor, tampoco hacía volteretas, creo que en sus años de juventud, estaban prohibidas, no comía chicle, ni tenía oídos supersónicos, no tenía súper poderes pero todo lo que hacía lo hacía bien.

Con este ejemplo, tan cercano, yo me he convertido en abuela hace unos cuantos años, superadas las expectativas y presiones iniciales, nunca me he identificado con el término abuela, no con la carga simbólica que conlleva, las abuelas de hoy en día son otra cosa completamente diferente y distinta.

Creo que hay más diferencias entre mi papel de abuela y el de mi madre cómo abuela, que en papel de las dos cómo madres. Este hecho me dejó inicialmente sin referente a la hora de construir mi identidad cómo abuela. Cuando me convertí en abuela por primera vez, me sentía aún muy joven y con más vitalidad incluso que antes y es que os tiempos han cambiado mucho; monto en bici a menudo, hago todo el deporte que quiero, canto, bailo, cocino, practico yoga… puedo decir que consigo prácticamente cualquier reto que me propongo.

Más que súperabuelas hoy en día somos abuelas superstar, somos una nueva generación de abuelas muy enrolladas; molamos mucho más, somos amigas y además confesoras de nuestros nietos.

En muchas ocasiones nos gusta hacer los mismos planes que a ellos, cómo ir a un concierto de los Rolling por ejemplo. Además de coincidir en muchas cosas con ellos, vestimos parecido; unos vaqueros y una camisa es mi uniforme casi a diario y siempre que quedo con mi nieta Olivia me gusta ponerme mis zapatillas de Nike porque las tenemos casi igual, a ella le encanta y me dice entre risas que soy muy moderna y la verdad es que sí soy muy guay.

Una nueva generación de abuelas superstar ha tomado el poder, y su influencia se nota mucho en sus nietos, los niños han perdido el temor por los mayores y han vencido esa distancia que antes separaba al niño del mayor, ahora las abuelas somos mujeres vitales que conservamos un poco de niñas y un poco de adolescencia mezcladas con la sabiduría de nuestra experiencia y las ganas de disfrutar. A lo mejor no somos las mejores cocineras, mi repertorio culinario es mucho más escaso que el que tenía mi abuela, pero si hay algo que me sale bien lo bordo. Tampoco somos nada estrictas no queremos ejemplificar ni educar, sino todo lo contrario: a mí me gusta improvisar, llamar a mis nietos cuando me da la gana, verles y llevarles a dónde quieran, comprarles lo que quieran, mimarles y malcriarles.

Tenemos mucha suerte porque ser una superabuela a día de hoy, es ser una abuela Superstar que es mucho más divertido, ¿a qué esperas para empezar a disfrutar?.




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