La semana pasada se marcharon ya mis nietos y quería que la última noche que pasaran conmigo fuese especial y única, por eso les propuse un plan: celebrar una gran cena de gala para despedir juntos el verano.

Ese día, nos levantamos todos ilusionados, fuimos al mercado y cada uno eligió una cosas de sus favoritas: gambas que le encantan a mi nieta pequeña, salchichas de carnicería que le gustan a mi nieto, todo tipo de fiambres que nos gustan a todos, y yo me pegué el capricho de comprar una buena lubina. Después nos dirigimos al súper, allí se empezó a desmadrar un poco el asunto porque cada uno podía también elegir una cosa, así que cogimos una serie de ingredientes y productos un poco sin ton ni son, pero que nos apetecían… me dije a mí misma que qué mejor momento para dar rienda suelta a nuestros deseos alimenticios, así que me dejé llevar… mi nieta se empeño en hacer “mashed melows” o nubes de caramelo al horno; una cosa que probó cuando estuvo en un campamento en Estados Unidos que, a priori no sonaba muy bien, pero que luego resultó estar deliciosa.

Llegamos a casa, y comenzamos todos los preparativos: cada uno debería de encargarse de un plato, así que nos pusimos manos a la obra. El resultado:

Gambas a la plancha, plato de entremeses variados, ensalada césar, patatas al horno con maíz y mantequilla, lubina a la sal y de postre: copa variada de chucherías, helados y “ mashed mellows.”

Mis nietas se ofrecieron a poner la mesa sorpresa, a decorarla bonita, pusieron unas pequeñas flores que robaron del vecino, que espero que perdone la intromisión, no volverá a suceder. Velas maravillosas aromáticas que habíamos comprado en el chino y que, a pesar del olor a pachuli, otorgaron un ambiente de lo más romántico y acogedor a nuestra mesa.

Todos nos vestimos con nuestras mejores galas, también cada uno pudo dar rienda suelta a su imaginación, sombreros, plumas, gafas de colores… la música ambiente corrió a cargo de mi marido que, muy a nuestro pesar, se empeñó en ponernos todos los clásicos de su juventud.

La verdad que no hay mejor manera de despedir el verano que la gran cena de gala que celebramos con nuestros nietos, ellos se sintieron cómo mayores y cómo tales se comportaron, nos reímos recordando muchas anécdotas sobre el verano y brindamos juntos con champín, que es un champán sin alcohol que les encantó, en resumen ésa noche pasamos la mejor velada del verano.

 



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