En verano siempre suceden las cosas más emocionantes, es en estos días cuando pasamos más tiempo en familia y nuestros nietos nos sorprenden siempre con cosas nuevas y maravillosas.

Cuando regresamos de vacaciones, me reúno con mis amigas y aprovechamos para ponernos al día sobre nuestros veranos, me cuentan cómo lo han pasado y nos pasamos horas comentando las fotos familiares y de nuestros nietos.

El año pasado, el nieto de mi amiga Julia, aprendió a andar gracias a ella. Los padres de Luis andaban algo preocupados porque el niño ya entraba en sus tres años y aún no se había lanzado a caminar sólo. Julia, que no puede agacharse mucho porque le duele la espalda, en vez de sujetarle por debajo de los brazos cómo hacían sus padres, consiguió que fuera el niño quién tuviera que agarrase a las piernas de ella para sujetarse y no al revés, de modo que el niño cuando estaba con su abuela se ponía de pie sujetándose en sus piernas y los dos andaban despacito juntos. Así de pronto una buena mañana, su nieto Luis la soltó y para el asombro de todos los presentes ¡siguió caminando estupendamente solo!. Sin darse cuenta, el pequeño Luis, no sólo había aprendido a andar sino que les estaba dando una gran lección de aprendizaje a todos; los niños no necesitan que “los sujetemos” ni que los aferremos a nosotros agarrándolos para evitarles una caída o algún mal, sino que son ellos quiénes deben buscar sujetarse y apoyarse en nosotros, y cuando se ven ya seguros entonces ya ellos se soltarán para “volar” solos.

Mi otra amiga Marta, nos contó cómo de la noche a la mañana se convirtió en la mejor acompañante de compras de ropa para Alba, su nieta adolescente. Su hija, harta de pelear con Alba por la ropa y por las compras, una tarde de verano le cedió el testigo a su abuela Marta y juntas recorrieron mercadillos y centros comerciales, negociando, regateando y descubriendo las mejores gangas. Rápidamente las dos descubrieron que en lo que a gustos se refiere tenían mucho en común y Marta se dio cuenta de que, no sólo su nieta se fiaba mucho de su criterio a la hora de aconsejarla, sino que su nieta había conseguido modernizar el look de mi amiga, ayudándola a actualizar su armario con prendas más juveniles y a la moda. De nuevo, una abuela aprendía cosas gracias a su nieta.

Tomando estos ejemplos, cómo punto de partida, este verano me he propuesto enseñar a mi nieta pequeña a leer, ya lee algo, mezcla las letras y poco a poco empieza a reconocer los sonidos, pero aún así le falta mucho para poder leer de corrido un texto. Por eso me fui a mi librería de confianza a buscar algún libro muy básico con letras grandes y dibujos. Cómo mi nieta es fan de Peppa Pig, compré este libro que aquí os recomiendo y que le está encantando: “Leo con Pepa; un cuento para cada letra”.

Todas las mañanas antes de ir a la playa, me armo de paciencia y mientras sus padres hacen recados me siento con ella, durante una hora con nuestro libro. Para pusiera más interés con el tema, le he confesado en secreto que yo también tengo que volver a aprender a leer porque se me ha olvidado, ella sabe que yo siempre me quejo de mi memoria y el caso es que no le ha sorprendido este pequeños secreto. Al contrario, esto le hace sentirse muy importante y cuando me equivoco, le chifla corregirme y se siente orgullosa de ser ella, a veces quién le enseña algo a su abuela.

 

 

 



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