En nuestra familia siempre hemos sido muy de mascotas, desde que tengo memoria en mi infancia viví rodeada de dos bracos alemanes; Tosca y Tul. Eran lo más noble y fiel que he conocido jamás. Siempre andaban pegados a mi padre, pendientes de él, le observaban fijamente con los mismos ojos con los que mi nieta adolescente mira a Justin Bieber durante un concierto.

Recuerdo que también mis abuela tenía un gato, Lupin, que según decía; Lupin la había buscado a ella y por más que ella no le hiciera caso, el gato se empeño en quedarse allí a vivir con ella. Lo cierto es que no sé quién cuidó más de quién; si mi abuela del gato o el gato de mi abuela.

Tras diversos intentos de convertir patos, lagartijas o conejos, en mascotas bien adiestradas y educadas, decidí que yo lo que quería era un perro para mí, que fuese mío y sólo mío. Os podéis imaginar, que mi madre, ya sobrepasada con Tosca y Tul, nunca me dejó tener otro más en casa, pero lo que sí hizo fue obligarme a sacarles al parque de paseo a las 8 de la mañana todos los días antes de irme al colegio. Al principio recibí el mandato con alegría, pero os reconozco que sí hubo momentos duros, de frío, de pereza y de cansancio. A pesar de todo me compensó con creces; Tosca y Tul, cada vez me buscaban más, me querían más y me empezaron a mirar como miraban a mi padre. No hay amor más puro y más incondicional que el de una mascota hacia sus dueños.

Las mascotas no sólo nos dan cariño; no nos juzgan, ni nos cuestionan ni se ríen de nosotros. Y tampoco nos discriminan por nuestro aspecto físico o por lo errores que hemos cometido.  Este amor por las mascotas, he querido transmitírselo a mis hijos y después a mis nietos. Muchos son los efectos beneficiosos de tener mascotas, tanto en mayores cómo en niños, según los estudios:

  1. Evitan el sentimiento de soledad : su compañía estimula el contacto físico y la comunicación. Puede que no hablen, o que no nos sigan la conversación, pero uno sabe, con total certeza, que no está solo en casa y que tiene compañía.
  2. Alivian la depresión: Cuando una persona mantiene un vínculo con una mascota, tiene un motivo para levantarse de la cama. Quizá no tenga ganas de hacer nada, pero sabe que debe darle de comer y en el caso de los perros, por ejemplo, sacarle a la calle. Es frecuente que la persona deprimida no se desahogue con nadie, pero quizá sí se siente capaz de hablarle a su mascota.
  3. Aumentan el sentimiento de felicidad: está demostrado que los dueños de mascotas, tras compartir un rato de juegos, experimentan un aumento de oxitocina, se estimula la producción de serotonina y la dopamina, al mismo tiempo que el cortisol se disminuye, todas estas hormonas ayudan a disminuir los niveles de estrés y son un buen antídoto contra la depresión.
  4. Aumentan el sentido de la responsabilidad: nos hacen responsables en su cuidado, y nos enseñan a plantearnos prioridades. Además de ser un compañero de juegos para tus nietos, crecer con una mascota es una oportunidad para enseñarles a ser responsables y a respetar a los animales. Los perros, por ejemplo se convierten en unos maestros excelentes, fuente inagotable de estímulos que despiertan los sentidos de tus nietos.
  5. Mejoran la vida social: con frecuencia, salir a pasear a la mascota es la excusa para conocer gente: en los parques se forman corrillos de dueños de perros que coinciden allí, hay desconocidos que se acercan a acariciar a un cachorro o surgen conversaciones sobre anécdotas o el cuidado de sus mascotas.
  6. Refuerzan la autoestima: los dueños de mascotas tienen más probabilidad de tener una mayor autoestima, lo he comprobado, mis nietos cuando estaban aprendiendo a leer, les hacía leer en voz alta delante de mis perros y notaba que este pequeño hecho sin importancia reforzaba su seguridad y su confianza en sí mismos, ya que las mascotas no se van a reír de cómo lo hacen o si se equivocan. Pero escuchan atentamente y prestan atención.

Ahora tengo un pinscher marrón llamado Hugo, y siempre va conmigo, es cómo una extensión de mí; cuando recojo a mis nietos en el cole, no sé si les hace más ilusión ver a Hugo o a mí, Hugo lo disfruta también mucho y se pone nervioso, se deja querer y hacer carantoñas y sabe cuál es su lugar. Creo que es el ser que mejor entiende cómo es mi relación con mis nietos.

 

¡A falta de una mascota, hazles una!

 



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