Ya no nos alimentamos cómo antes, es la idea que a todas nos viene a la cabeza cuando vemos a nuestras hijas e hijos seleccionando nuevos productos orgánicos o biológicos en detrimento de marcas que nosotras conocemos y que son de toda la vida. Existe una crisis en el modelo de alimentación actual, y esto es por el avance de la ciencia, y los estudios e investigaciones sobre el impacto de la alimentación en nuestra salud. Y es que hoy en día es más cierto que nunca que: “ somos lo que comemos” .

 

No señoras, no es una broma, muchos de los estudios realizados recientemente insisten en cuidarnos de ciertas sustancias que se usan de forma generalizada en muchos productos, y que, además de ser poco beneficiosas para nuestro organismo, son letales para el medioambiente.

 

En este post, vamos a analizar algunas de ellas, sus realidades y sus mitos, no para que las eliminemos por completo de nuestra dieta sino para estar mejor informadas de lo que comemos y más importante de lo que comen nuestros nietos.

 

Empecemos por el aceite de Palma, tan en boga ahora mismo. Si leemos en las etiquetas, muchos productos no se refieren por su nombre directo: aceite de Palma, otras acepciones son utilizadas en su lugar: aceite de palmiste, grasa vegetal (palma); grasa vegetal fraccionada e hidrogenada de palmiste, Sodium Palmitate, Estearina de palma (Palm stearin), Palmoleina u Oleina de palma (Palmolein), manteca de palma o el nombre científico de la planta (‘Elaeis guineensis’). También se utilizan para sus derivados: Acido palmítico, o ácido hexadecanoico, palmitato ascorbilo, ácido esteárico, glicerina, glicerol, Sodium Laureth Sulfate, Sodium Lauryl Sulfate, palmitoil (o Palmitoyl), Glyceryl Stearate SE, emulgente E472e, aditivo E160 (betacaroteno) y similares (carotenoides, beta apocarotenal y éster etílico), ácido beta apocarotenoico, aditivo E570 – ácidos grasos, vitamina A palmitato o palmitato de retinol.

Multiplicidad de nombres y una arquitectura literaria, que nos hace sospechar, qué hay detrás de tan utilizado producto en alimentación y cosmética, no sólo de ha añadido este producto a las sustancias dañinas para la salud, por su aporte de colesterol “malo”, que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, sino ha sido recientemente relacionado con la aparición de cáncer y otras enfermedades. Además de ser cómplice de la deforestación de gran parte de la selva indonesa, la extinción de los orangutanes, y el uso generalizado de trabajadores infantiles en estas plantaciones, que a más de una relevante marca mundial, sacaría los colores. Por ello, los especialistas proponen la sustitución de este aceite por el de oliva o el de girasol, mucho más beneficiosos para la salud, aunque si bien es cierto más caros.

 

 

Dar pescado al menos dos veces por semana, es una regla desde que las abuelas tenemos uso de razón. Pues bien, cada día el mar está más contaminado, y el mal uso que estamos dando a nuestros recursos naturales, afecta de forma generalizada a los productos de la naturaleza y en particular determinados pescados que tenemos como representativos de nuestra cultura culinaria, tales cómo el atún, la caballa o el pez espada y otros menos comunes cómo el tiburón, el pargo y el blanquillo. No son pocas las asociaciones de nutrición que recomiendan reducir de forma drástica su consumo por los altos niveles de Mercurio y Metil-mercurio, que han demostrado tener la mayoría de estos pescados. Este mineral-metal es dañino y tóxico para el organismo y produce una especie de “envenenamiento” progresivo. Además de estos pescados, hay muchos otros en entredicho. Frente a estos la Organización Mundial de la Salud, ha elaborado un listado de los peces menos afectados por la contaminación de mercurio, entre los cuáles encontramos: anchoas, pez mantequilla, almeja, cangrejo, merluza, ostra, salmón fresco, lenguado, camarón…

 

Otro producto cuyo uso generalizado podemos encontrar en todo tipo de productos de bollería industrial, en la margarina y en la mayor parte de la comida rápida ( como patatas fritas y/ o snacks) son las grasas trans. Investigaciones recientes han indicado que este tipo de grasas pueden ser nocivas para la salud, fundamentalmente debido a que elevan el colesterol “malo” (LDL) y los triglicéridos. Las grasas trans tienen otros inconvenientes. Por ejemplo que, como han demostrado hace poco investigadores su ingesta aumenta el riesgo de sufrir depresión. Por el contrario, el aceite de oliva protege frente a esta dolencia.

 

Así podríamos seguir con un largo etcétera de diversos productos alimentarios ( y de cosmética) que hoy en día están en entredicho tras estudios realizados. Con este post no queremos alertaros de la cantidad de cosas malas que abundan en los productos que podéis encontrar en todos los supermercados y mercados y que forman parte de nuestra dieta diaria. Lo que dicen los expertos consultados sobre este tema, es lo mismo de siempre: La importancia de una alimentación equilibrada y sobre todo variada que no abuse de unos productos frente a otros, reducir en medida de lo posible la ingesta de productos que sabemos que no son del todo buenos, y sobre todo primar el consumo de comida casera cocinada con nuestro maravilloso aceita de oliva, frente a las comidas rápidas importadas del extranjero.

 

Hoy en día, más que nunca desde Great Moments, queremos resaltar la importancia de una formación y una educación alimentarias en los niños desde que son pequeños, por eso si queréis darles lo mejor a vuestros nietos, enseñarles el valor de la cocina casera, de los alimentos saludables, y de la nutrición equilibrada.

 

Nos encantaría saber vuestra opinión en relación a este tema, si lo deseáis podéis mandar aquí:

contacto@greatmoments.es

 

 

 

 

 



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