Aunque todos me pueden recomendar miles de libros sobre la relajación para los niños,yo solo apuesto por una cosa mía: el paseo.

Cuando era madre, ya llevaba a mi joven tropa, nariz al viento, a pasear por el bosque. O en las noches de verano, al campo a “cazar” grillos en esos caminos del campo que huelen a romero salvaje y a piedras calentadas por el sol del día.

Hoy, con mis nietos, sigo con este ritual. Y os garantizo que cualquier paseo se hace con los ojos levantados hacia el cielo y no delante de una pantalla. Al principio, siempre hay quejas, “me duelen los pies”, “estoy cansado”. Pero al cabo de un rato todos disfrutan del espectáculo, empiezan a animarse, hablan, se confían.

Diego sobre sus preguntas existenciales de adolescente “mal ententido”, Andrea sobre su semana en el Cole y lo último que ha aprendido y Filipa sobre su sueños de ser veterinaria de mayor.

Lejos de los patinetes y smartphones, aprenden a pasear y a disfrutarlo, ¡conmigo!… Privilegios de esta etapa de mi vida.

Incluso…, y siguiendo los consejos de mi amiga Carmen, he conseguido convertir al “abuelo”: y este verano nos iremos los dos hacer el Camino de Santiago, ¡qué ganas!

 

Os recomendamos esta breve guía del Camino de Santiago de Compostela para vuestros nietos a encargar pinchando aquí:

 

 



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