La otra noche, mi amiga Merche vino a casa con los ojos llorosos, su hija Lorena, madre de sus dos nietos, acababa de decirle que se divorcia. Mi amiga es feliz con sus nietos, que la adoran, y cuando vino con la lágrima puesta y una botella de vino para consolarse conmigo sabía lo que hacía: sabe que yo estoy divorciada desde hace quince años y que tengo un hijo que cuando su segundo niño, o sea mi segundo nieto, tenía un año (y la mayor, tres, por cierto) decidió irse solo a trabajar a Hong Kong para comunicar que se divorciaba seis meses después… En todos los sitios cuecen habas, que decía mi madre.

Mi amiga Merche traía el miedo reflejado en sus ojos, el miedo a que sus nietos Raúl y Luna, de 5 y 3 años, vayan a dejar de verla o a verla mucho menos  si tienen que repartirse entre el papá y la mamá. Miedo a lo que los niños puedan sentir, miedo a que no entiendan la situación…, a pesar de que como yo le dije estamos rodeados y hay tantos hijos de padres divorciados que sobreviven.

Así que como ella sabía con quién se consoloba y yo tengo mi propio ejemplo para poder difundir, le conté lo que sigue:

 

1. Merche, aunque te parezca mentira, tienes un papel que jugar en el divorcio. 

Bastará con que escuches a tus nietos. Simplemente bastará que les expliques que es muy difícil que el amor dure para toda la vida, el amor entre los papás y las mamás. Y que, sin embargo, hay un amor que nunca se estropea que es el que sienten las mamás y los papás por sus hijos.

2- Merche, promete que no vas a tomar partido.

¡Nunca jamás! No puedes ponerte del lado o del otro. No puedes dar tu opinión. No puedes decir que uno de los dos tiene razón. Y sobre todo, nunca, nunca, puedes descalificar al papá o a la mamá, o hablar mal de uno de los dos en presencia de tus nietos.

 

3. Merche, ayúdales

Van a necesitarte. Y tú vas a ponerte a tiro para ayudarles, ya sea a tu hija o a tu yerno. No busques culpables para decidir que no ayudas o, peor, que no ayudas a uno de los padres de tus nietos. Van a necesitarte los cuatro. Es posible que haya cambio de colegio, cambio de casa, al menos durante algunos días del mes o de la semana, puede que cambien de cuidadora, de barrio…, de sistema de vida, de todo o casi todo, menos de abuela. Juega tu papel, que ha sido siempre el mismo: cuidar y ayudar. Demuestra a tus nietos que tú sigues inamovible y, de paso, a tu hija y a tu yerno que siempre van a contar contigo.

 

4. Toma la iniciativa

No esperes a que te llamen tristes pidiendo socorro. Adelántate y propón cines, teatros, zoo… fiestas en tu casa con algunos compañeros de colegio, incluso algún pijama party. Al final, saldrás ganando.

Le he recomendado unos cuantos libros para que se los lea a los nietos. Me encanta uno que les quita el sentimiento de culpa, que suelen tener los niños cuando sus padres anuncian el divorcio: No es tu culpa, Koko Oso, de Vicky Lansky; también uno para que los mayores sepan qué decir a los niños: El divorcio explicado a los niños, de Cynthia McGregor; y un cuento muy actual: Príncipe de dos palacios, de Carla Balzaretti.

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