Los últimos días de las vacaciones son los ideales para poner todo el empeño en que el recuerdo sea memorable. Por la tarde, a mediodía, por la noche, pequeños detalles pueden obrar la diferencia y convertir en inolvidables los días que has pasado con tus nietos. Toma nota:

Comida o cena como en un restaurante

Montáles una mesa digna de tres tenedores. Basta un mantel diferente, unas servilletas especiales, una vajilla a su medida para que sientan que la ceremonia de la comida está diseñada para unos príncipes, ellos. Prepárales su plato favorito, recordándoles que hay vida más allá de la pasta. Ponles flores en el centro y, si os decidís porque la fiesta sea por la noche, un candelabro romántico. ¿Dónde? Un jardín, pero también la terraza, ¡incluso en su habitación!

Para darle un aire más auténtico a este restaurante, puedes coger una libreta para apuntar la comanda. Y puedes pedir al abuelo o a algún hombre de la pareja (o mujer, por supuesto) que haga las veces de sumilier y que sirva una botella de gaseosa, con gotas de granadina, a modo de “falso rosado”, eso sí, en copas de champagne.

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Congelar los juguetes

Uno de los juegos más divertidos para una de vuestras últimas tardes (se puede copiar para un domingo de septiembre) que consiste en congelar pequeños juguetes y descongelarlos uno a uno. Te recomendamos que pidas a cada uno de tus nietos que elijan alguno de sus juguetes favoritos. Por supuesto, el abuelo puede congelar digamos una pelota de golf y tú alguna pieza de bisutería o tu pluma favorita. Lo mismo que pueden hacer los papás y las mamás presentes. Metedlos por la mañana o la noche anterior en moldes de polos llenos de agua. En el momento de jugar sacadlos del congelador y cada uno con una pistola de agua, o con una manguera tiene que conseguir descongelar su objeto favorito. Ganará quien logre descongelar antes el suyo. Aquí tienes unos moldes perfectos.

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El día “mini”

Es muy divertido decretar un día como el de las tallas mini. Hay que comer con las servilletas más pequeñas, tomar ensalada con tomates pequeños, ponerse el traje de baño del año anterior, que se habrá quedado pequeño, hacer concursos en la playa de quien hace la mejor figura pequeña, y un premio de la historia más miniaturesca jamás contada que después puede escribirse sobre el cuaderno más pequeño que podáis encontrar. Las grandes risas están aseguradas.



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